07202019Sáb
Last updateMié, 25 Oct 2017 12am

revista g

Nosotros los que fuimos (I)

Publicado en Artículos
06 Abril 2011 by

...Ya no somos los mismos...¿O sí?. Decía don Antonio Buero Vallejo que "el tiempo somos nosotros y no es posible detenerlo". Pero de cuándo en cuándo, sí que es posible remansarlo y volver la vista atrás.
Acudir a la memoria remota y exhumar momentos de vino y rosas, de la mano de esas fotos de color sepia que guardamos con celo en un rincón íntimo. El cerebro, ese truhán tramposo, al final siempre nos engaña.

Juega con todos al escondite, ese juego de muchachos en el que unos se esconden y otro busca a los escondidos. Y en esa búsqueda nos reencontramos a nosotros mismos, cuando los recuerdos son amables. Cuando el calendario no tenía tanta prisa y el reloj vital era indulgente. Porque nadie es lo que es, si no hubiese sido lo que fue. Si no hubiese transitado por la vida junto a esos personajes que hoy ya no están al alcance de la mano, pero sí inscritos en nuestro mapa genético.

En la foto del equipo de fútbol, que data de los años sesenta del pasado siglo, de izquierda a derecha y de pie, Luís de Gayol, portero eficaz y valiente. Me emocionó verle junto a Ramonín Vijande y sus respectivas esposas, en el paraninfo de la Universidad Laboral de Toledo, entre más de cuatrocientas personas, cuando se presentó "El canto del petirrojo". Nos vemos de higos a brevas. Paco de Abres, buen táctico en el medio del campo, incansable e inteligente. El pasado verano nos encontramos en "El Risón" de Castropol y trasegamos vino y nostalgias. Alberto de Mon, duro y peleón hasta el último minuto. Fuimos muy amigos. Hace un siglo que no sé de él, aunque creo que sigue viviendo en Luarca. Antonio de Gayol, un tanque. Un poco duro de cintura, pero cumplía con su misión de evitar que pasase el contrario, aunque pasase el balón. Coincidimos en la armería Valea, en El Esquilo, hace años. Nos reconocimos de milagro. "Chito" Margaride, demoledor ariete, resolutivo y de potente pegada. Hace décadas coincidimos en una manifestación en Oviedo. Yo con zapatillas ligeras y atuendo cómodo. Él vestido de gris, con porra y casco antidisturbios. Nos dimos unas carreras por el parque de San Francisco y la calle Uría. Era un gran tipo, noble y sin recovecos. Don Jesús el cura, recaló en Vegadeo tras una huelga sonada en la cuenca minera. Era un demagogo de mucho cuidado, sectario y visceral contenido. Para la época, más rojo que un pimiento. Sus homilías eran la ceremonia de la confusión más absoluta. En sus crípticos y oscuros sermones, gravitaba entre Marx y San Pablo... y el refrito mental era indescifrable. Nos ofreció dos hostias a Pachico y a mí que, sin comerlo ni beberlo, fuimos víctimas del infundio canalla de una damisela cachonda.

Deshecho el entuerto, don Jesús nos pidió perdón públicamente. Ya secularizado, en 1970 nos tomamos unos culinos de sidra en la ovetense "Marchica" y pelillos a la mar... Agachados: Manolo de Trabizas, que jugaba al fútbol de maravilla y tenía una visión táctica excepcional. Miguel de Leandrín, "Larico", que a pesar de su poca corpulencia era duro como el pedernal. Muy hábil en el regate corto, y con buen toque de balón. Sigo de lejos su trayectoria, he leído alguno de sus libros y le he visto en televisión. Es igualito que entonces, "cuspido": cuando se le alborota su privilegiado cerebro, confirma como nadie la teoría del caos del profesor Escohotado. Comparto colaboraciones con él en este medio y me empleo a fondo para tratar desentrañar sus poliédricos y sesudos alegatos. Tal vez una faceta desconocida de Miguel, es que en su mocedad llegó a ser un excelente bailarín de clacket. Y si la memoria no me engaña, también hizo sus pinitos como surfista con Toño del Moderno en la playa de Tapia. Pepín del Bizco, portero suplente, vecino y amigo del Fondrigo, tuvo una infancia poco feliz y una adolescencia turbulenta. Alguien me contó que se había suicidado. Descanse en paz. Nicolás de Eulogio, un servidor, sin comentarios...Don Luís el cura, buenísima persona y excelente interior derecho. Cuando se ponía nervioso tartamudeaba levemente y soltaba tacos veniales por lo bajini. Eustaquio Lago, que con la dificultad que le suponía jugar sin gafas (entonces no había lentillas) se movía por el campo con desparpajo y notable habilidad.

En la otra foto, el grupo de coros y danzas de Vegadeo, año 1965, en Perlora. Habíamos quedado entre los tres primeros en el certamen provincial con la "Jota de la Pumarega". Como premio y gracias a los buenos oficios de la inolvidable y esforzada Brígida Muela, nos llevaron también a bailar a Vila do Conde (Portugal) y a la Regalina.
De pie, Primitivo ("Tivo") un virtuoso de la gaita, Toni, su alumno predilecto y Luís, tamboril, los tres de Ribadeo. "Manito" de Trevín, Alberto de Mon, Pepe de Trevín, Luís de Petra y Nicolás de Eulogio.

Agachados y sentadas: Muiña, el pintor, (¿Ana?) hermana de Gelo, Gimena, Nadina, Ana (novia de Alberto) Marisa de Trevín, Mari de Casagrande y Gelo del Maragato. A la moza galana que está en el centro, en primer plano, no soy capaz de identificarla, ustedes perdonen.
En honor a la verdad, es de justicia y recto proceder, destacar aquí a Gelo del Maragato, a Brígida y a Luisa (la mujer de Fico, que no está en la foto). Luisa se ocupaba de las primerizas y Gelo de los mozalbetes. Nos enseñó uno por uno los pasos de la "Jota de la Pumarega" y el complicado movimiento de los brazos. Desasnarnos a todos no fue tarea nada fácil. El bueno de Gelo, que trabajaba mañana y tarde en la forja familiar, luego se encerraba con nosotros en los bajos de la Casa de la Cultura y con paciencia franciscana nos fue puliendo sin desmayo. Al principio, a falta de gaiteros, Brígida tarareaba a voz en cuello, una y otra vez la susodicha jota, hasta quedarse afónica. Inolvidable gente.

Me niego a aceptar que "el tiempo nos ha devorado", que diría Jesús Fueyo. Todos y cada uno de los personajes de estas fotografías, tuvieron, tienen y tendrán un rinconcito en ese lugar recóndito del alma, donde dormitan las emociones y los afectos añejos. Siempre, hasta que el destino baje el telón y apague la luz...

Nicolás Fernández y Suárez del Otero

Vegadeo 1948.
Licenciado en Geografía e Historia por la Universidad Complutense de Madrid, ejerció de profesor en varias universidades españolas.
Columnista, tertuliano, director de revista, pero sobre todo, visceralmente escritor y veigueño.

Deja un comentario

Asegúrate de llenar la información requerida marcada con (*). No está permitido el código HTML. Tu dirección de correo NO será publicada.