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El Viaje Astral (Cuento de Navidad)

Publicado en Artículos
22 Diciembre 2011 by

Hoy es 20 de diciembre de 2011. Hace cuarenta años que no vengo al pueblo en estas fechas. Me detengo un instante en el alto de Fondón. Una niebla densa oculta Vegadeo. Me recuerda a Brigadum. La ría está como una balsa de aceite. Huele a yodo y a sal.


Aparqué el seiscientos en la plazoleta de casa. Mi padre salió de la oficina a recibirme con una sonrisa de oreja a oreja. Nos fundimos en un abrazo muy confortable. Desde la acera de enfrente, me dan la bienvenida Antón de Severino, Toto Guerra y Pedro de Caín.
Subí los peldaños de casa de dos en dos. Mamá y Gene faenaban en la cocina. Sus besos saben a hogar. La una prepara una empanada de capón. La otra cuaja una tortilla de patatas.
Esta tarde llega mi hermana MªLuisa, que estudia segundo de Filología Hispánica en la facultad de Filosofía y Letras de Oviedo. Sale con un compañero de curso, que hace pinitos periodísticos en "La Voz de Asturias". Se llama Ramón, creo.
Una ducha rápida antes de zambullirme en las entrañas de mi patria chica. Estoy ansioso por estrechar las manos amigas de mis paisanos y exprimir como un limón estos días de vacaciones.
En la parada de taxis, Concha la "Francesa" me abre la puerta de su mil quinientos gris marengo. Me fumo un pitillo con ella. Y saludo a Pepe Pardo, el de los curtidos, a Maruja, su mujer, a Luís y Armando Vijande, a Prieto, el sastre, y a Eustaquio Lago, el de la relojería.
En un velador de la marquesina del bar Asturias, don Balbino "El Pito", siempre con su sombrero de fieltro, y Salvatierra, litigan sobre cualquier cosa. En la mesa de al lado, Servando, "Naina", saca lustre a los botines de un viajante.
En el escaparate de su establecimiento Ignacio Salas cuelga de un alambre los últimos décimos de lotería para el sorteo de pasado mañana.
Bajo los soportales del ayuntamiento pasea Pepín de don Julio, que me pide tabaco, como a casi todo el mundo. Alejandro de la Pena, Ramón de Miou y Paco el Pinolo, los municipales, reciben instrucciones del infatigable concejal Pepe "Metro y Medio".
En la puerta de su tienda, Ariño se fuma un puro. Me da unas palmadas cariñosas y me cuenta los últimos éxitos deportivos del equipo de fútbol local. Parece que el nuevo fichaje, un tal Mosqueira, ha sido un acierto.
Esperanza, la de la panadería, está como siempre: no pasa un año por ella. "Michines", genio y figura, hecho un trueno. Sopesa la posibilidad de abrir una zapatería a medio plazo. Su hermano Verino, ha emigrado a Australia con su mujer.
Entro en la casa del "Barrés", como en la mía propia. Tras el mostrador, Manolo, manufactura moscas para pescar, con plumas de gallos de León, que tienen unos tonos irisados inigualables. Lía un pitillo y me pasa la petaca. Luís cose con maestría unas cinchas de esparto y tararea una canción de Lucho Gatica. Su perra "Puska" dormita entre unos rollos de cáñamo. Pachico y su primo Paco, el de Arturito, aparecen con sendos tirabalas y varios mirlos al cinto. Subo a saludar a Anita, que está indignada con su gato "Garritas" porque, en un abrir y cerrar de ojos, se ha zampado un chorizo de la encimera. Isabel escribe poemas de amor en el salón. Un jovenzuelo de San Juan de Moldes, que trabaja en banca, le arrastra el ala. Conchita está haciendo un curso de educación física, en tierras castellanas.
En el "Luarqués", Ferreiro, escucha la radio y toma buena nota de los resultados de la quiniela del pasado domingo. En "Leandrín", como casi siempre a esta hora, hay tertulia política. Braulio, el alcalde, provoca a Eladio mientras invita a pasteles a sus hijos Jorge, Luisito y Charo, que está cada día más guapa. Lidia obliga a Miguel y a "Richa" a tomarse una yema con azúcar y unas gotas de quina. Julio, el "Ovello", vende caramelos a unos transeúntes y "Tiburia", limpia la cafetera.
En "La Bilbaína", templo del buen yantar, Juan Posada y Gelo del Maragato me invitan a un vino. Odón, en la barra, y Gloria en los fogones hacen las delicias de los parroquianos. Su hija Esther, es una monada de niña, gordita y sociable. Le llamamos "babuyo", que "na nosa fala" significa guisante. Se mueve entre la clientela como pez en el agua. La cojo en brazos y me mea por encima.
Paco del "Carneiro" y su hijo Moncho, que se va a Barcelona a trabajar en la SEAT, dan buena cuenta de una ración de carne asada. Y en la esquina de la barra, Chicho el de la "Manexa", pide otra ronda y le acerca un refresco a su sobrina Belén, una morenita tímida, de ojos enormes y luminosos.
En el Fondrigo, Toni Maseda, "Marula", Paulino y Luís de Petra juegan al fútbol "na feira dos cochos". Manolín Vijande, aprende a andar en bicicleta junto al aserradero de su padre. Y "Nelo", el de la Valía, le da instrucciones para que no se parta el alma contra los troncos.
La "Campoa" la emprende a pedradas con un vecino y Paco de Bruiteira trata de templar gaitas, a riesgo de recibir un cantazo. La cosa queda en tablas y la sangre no llega al río.
Susito Muralla, su primo Tino y Firme de Ferreira, pasean por la Marciada, a "Kripto", el perro pastor alemán, y juegan al bandidaje entre los tojos y los eucaliptos.
"Chuca" pesca al curricán cerca de la escollera y "El Nenín" rema como un galeote camino del muelle nuevo, con su barcaza cargada de arena hasta los careles.
Paco el Pericato, sigue imbatible en la vuelta a Piantón. Calcuto y Pepe de Simón pescan truchas detrás de la casa de la cultura. Unos metros más abajo, Ignacín, el de la paquetería, también prueba suerte.
De casa Antuña, salen Egidio, Trallero y Santiago de la Antigua, tras degustar unos excelsos callos. Milagritos, no progresa con la guitarra. Es un cielo de niña, pero no soy capaz de que aprenda los acordes de "El Jinete": la menor, mi mayor, re menor...
En el estanco de "Pepía", compro tabaco y paso a ver a Antonio el "Chocolateiro" y a Marina. Rodi, su hijo menor, se viene conmigo a pasear por el "chao da Veiga" y organizar una "xuntanza" gastronómica. Cazamos media docena de gachas en las "xunqueiras" de Reme. Se las llevamos a María, de "La Sandalia", que guisa que es un primor. Las cenamos con Manolo de los Americanos y Carlos Montaña. Luego cruzamos al bar de Marcos, donde Santi, al piano, Camilo, percusión y Paco Vidal al acordeón, nos regalaron un generoso recital de canciones de la época. Un lujo.
Tras la cena de Nochebuena, a Misa de Gallo. Don Modesto se explaya en el sermón. En el coro, guitarras en ristre, cantamos villancicos a Dios dar. Dirigen, Pepe de Gayol a los instrumentistas, y Brígida Muela a las voces.
En Nochevieja, la abuela se atraganta con una uva, casi se asfixia. La palmada de mi padre en su joroba, fue providencial. Nos reunimos en La Tertulia hasta las tantas de la mañana. Al amanecer, Quique Cuervo pasea por el parque de Medal y habla solo. Nos vamos andando a Casa Longarela, en Porto, a tomar unas sopas de ajo antes de acostarnos.
La cabalgata de Reyes, un éxito. Luís el Barrés, de Melchor, monta un precioso caballo de su tío Carlos, o quizá de Ramón.
No me puedo ir sin subir al Silvela, dejar que la vista se pierda en el horizonte y meditar en silencio, antes de despedirme de este rincón entrañable.
Mi padre me ayuda a cargar el seiscientos. Gene, a moco tendido. Mi madre no sabe exteriorizar emociones, la procesión va por dentro. A papá se le quiebra la voz. Mi hermana Mª Luísa no es de lágrima fácil, como yo. Pero siempre fue mi cota de malla, mi sólido muro de carga, mi cómplice leal.
Cuando partí, la niebla sepultaba de nuevo a Vegadeo. Como a Brigadum...

P.D.: Quiero dedicar este cuento a todos los veigueños "de cuando entonces", que diría Paco Umbral...¡Feliz 2012!.

Nicolás Fernández y Suárez del Otero

Vegadeo 1948.
Licenciado en Geografía e Historia por la Universidad Complutense de Madrid, ejerció de profesor en varias universidades españolas.
Columnista, tertuliano, director de revista, pero sobre todo, visceralmente escritor y veigueño.

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