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Belén

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Hace diez años, -mes arriba, mes abajo- charlaba yo con unos amigos “de cuando entonces”, -que diría Umbral- en su tienda de Vegadeo, esperando la hora de cierre para compartir vino y recuerdos.

Se nos acercó entonces una joven morena de ojos oscuros, expresivos, centelleantes y de mirada frontal, levemente velada por tristuras añejas. De sonrisa amplia, luminosa y con una pizca de timidez, me pidió que le firmase un libro mío de relatos que acababa de ver la luz en aquellas calendas: “El canto del petirrojo”.

Como no podría ser de otro modo, accedí encantado y honradísimo. Mientras en la página correspondiente le escribía unas frases amables, me dijo que también para ella escribir era una pulsión vital. E hizo -sotto voce- media docena de comentarios fugaces, absolutamente certeros sobre mi narrativa. Y discretamente se fue por donde había venido.

Era Belén Rico Prieto, nieta de Generosa La Manexa, hembra de pura raza veigueña, sobrada de coraje, arrestos y bravura vital. Generosa La Manexa, un corazón maternal y bravío de loba herida por el destino, a quien la vida -caprichosa como ella sola- le había zurrado sin tasa ni tino el tuétano del alma.

Y en décimas de segundo hice un viaje astral a mi Vegadeo de infancia y adolescencia. A “La fragua de Vulcano” en “La Puntía, donde los tíos de Belén, Manolo y Chicho ahormaban el hierro a golpes de martillo y donde más de una vez me refugié cuando hacía novillos huyendo de las insufribles clases de don José el cura, que los dioses tengan y retengan en su reino por los siglos de los siglos. Buena gente los “Manexos”, nobles, honestos y cabales. Siempre fiables. Pata negra veigueña.

Lo que no sabía entonces, es que la madre de Belén había fallecido en la flor de la vida, dejando tras de sí un rosario de ausencias y vacíos oscuros, de  lágrimas soterradas e incertidumbres poliédricas. Entendí entonces aquella veladura de tristeza crónica en los ojos de Belén.

Hace un par de años me llamó Xoán Babarro, catedrático de Lengua y Literatura Gallegas, e investigador riguroso de la poesía en la lengua galaica del Principado de Asturias, para rastrear y recuperar unos poemas de mi padre -Luis de Eulogio- escritos en la década de los años sesenta por mi progenitor “na nosa fala da Veiga”. Xoán tuvo la gentileza de remitirme un delicioso libro: “Évos un amaicer guapo”, con el que disfruté de la dulce emoción de reencontrarme con mil latidos soterrados de mi tierra natal, envueltos en una lírica enxebre y mágica.

En las páginas 208 y 209, me reencontré de manos a boca con Belén Rico Prieto y dos poemas suyos: “El Cuco” y “Carta a Generosa”. Y se me pusieron los pelos como escarpias. Los leí y releí sin prisa, recreándome en la suerte, que diría un taurómaco.

El primero de ellos suena como el roncón de una gaita gallega. Acaricia los sentidos con una saudade gris y agarimosa. Acuna la melancolía en los brazos amorosos e intemporales de una Belén transfigurada en Rosalía de Castro  Huele a hierba recién segada, a las algas de playa ribereña y a humo de barrueira. A ternura infinita. A jardín doméstico e intimista. A brotes de hiedra.

El segundo desgarra y zarandea. Es un lienzo impresionista que muestra con trazos de hierro candente una sinrazón histórica que se llevó por  delante infinitos proyectos vitales de gentes de bien. Infinitos sueños modestos de modesto recorrido. Infinitas vidas anónimas troceadas impunemente por la intolerancia y el odio. Belén, en su “Carta a Generosa”, nos regala una crónica precisa y certera de la grandeza humana sobreviviendo airosa entre los linderos volátiles de la vida y de la muerte.

Hace pocas semanas quiso el destino que Belén y yo coincidiésemos en un impensable ramillete de xuntoiros telefónicos. Esa voz quebrada, seductora, adictiva, que le brota de las entrañas apenas sin pretenderlo, me regaló un recital de versos en vena. Un privilegio oírlos, compartirlos y paladearlos.

A Raimundo Tarín, ese animal romántico, abúlico y descreído que recala en casa cuando la vida le pesa cual mochila de plomo y que se deja jirones del alma en cada parpadeo sentimental, se le llenaron los ojos azules y mediterráneos de lágrimas valencianas, concelebrando a Belén.

Señoras y señores, Belén Rico Prieto en estado puro. Un gratísimo hallazgo, como le dije a ella por carta. Un luminoso descubrimiento de talento y sensibilidad. Unos textos que erizan el vello y humedecen los ojos. Que llevan de la mano al lector a un mundo de ensueños agridulces. Que son imprescindibles para que el corazón galope libre. Que estremecen los sentidos y rinden sin condiciones el espíritu.

Estéticamente, como queda dicho, su literatura recuerda a Rosalía de Castro. Pero en edición de lujo. La de Padrón, créanme, estaría orgullosa de cantar y contar a dos voces los poemas y relatos de la poetisa y narradora de Vegadeo. No lo duden…

                                                               Nicolás de Eulogio

Comentarios
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El aguilucho cenizo  - Belén   |2010-05-21 02:19:13
Esta criatura escribe como los ángeles. Mejor que los ángeles, que andan con
la sensibilidad estética notablemente descafeinada de tanto rezar. Belén Rico
Prieto es un filón creativo en estado puro. Una veigueña que va a poner muy
alto el listón literario a nivel nacional, en cuanto pierda el pudor y se
atreva a vocar en el folio en blanco esa tormenta interior que le atenaza la
garganta. Aviso para navegantes: Belén va a reventar las costuras de la lírica
y de la prosa con "a nosa fala" como herramienta. Sus textos son latidos
vivos de un corazón desmesurado, con cuarto y mitad de reparos con
denominación de origen y una férrea autocensura. Cuando se "suelte el
pelo" y conjure el temor a herir a su querido ecosistema vital, cuando se
decida a largar cuerda a su cometa existencial, habrá que respirar hondo antes
de leer sus mensajes. Porque zarandean el alma con suave dulzura, pero con alta
tensión emocional. Sus relatos y poemas piden a voz en cuello muchas
relecturas, porque hay que paladearlos sin prisa.. Belén es un icono vivo de
las riberas del Eo, que hay que cuidar como oro en paño....No lo duden...
D'aquí  - Gústame. Muito.   |2010-07-20 01:09:12
Eo nun vou emplear muitas palabras nel comentario. Simplemente decir, que esta
poeta é un diamante que ten que ser pulido por aquel que ye corresponda. Peró
rápido. Tárdame muito ler más cousas dela. Porque me gusta. Gústame muito.
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