| Trajinantes del Pasado: "Os Cereiros" |
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| Historia - Personajes | |
| Escrito por Vicente Gutierrez Prieto | |
| martes, 19 de septiembre de 2006 | |
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Hábiles para el comercio hacían “doblete”, como se dice en términos deportivos, pues en la fábrica donde vendían la cera cargaban de velas las caballerías y emprendían el largo y penoso viaje, casi siempre por caminos de montaña y atajos, para llevar a las parroquias de aldea la preciada mercancía que adquirían los señores curas, para iluminar las iglesias en los oficios litúrgicos durante todo el año. En algunos lugares también para alumbrado doméstico, pues la luz eléctrica brillaba por su ausencia en muchas parroquias rurales y aún en algunas Villas. Eran conocidos por el apelativo de “Cereiros”, que hacía honor a la no muy limpia y temporera profesión, siempre en contacto con pieles sin curtir y “castrando” colmenas, cuyas operaciones tenían que realizar durante el invierno que debido a la humedad, dejaban impregnadas las ropas de una gruesa capa de mugre; De ahí viene el dicho popular, “sucio como un cereiro”. Durante la primavera, el verano y el otoño cultivaban sus pobres tierras, casi todas muy pendientes y situadas en las laderas de montañas. Al llegar el final del año, una vez recolectadas sus escasa cosechas y también realizada la tradicional matanza, abandonaban las aldeas de origen dejando a sus familias bien abastecidas de leña, harina, carne salada de cerdo y cecina de vaca y cabrito, pues en aquella época nevaba más que ahora, no había máquinas quitanieves y muy pocas carreteras, por lo que convenía estar bien provistos de víveres y leña para hacer frente a los temporales. La figura de estos originales traficantes era inconfundible. Cuando llovía se enfundaban en una especie de chubasquero al que llamaban encerado, debajo, una gruesa zamarra ó chaqueta de pana y cubierta la cabeza con un sombrero grande ó gorra de visera. Tiraban del ramal de un macho ó mula de andar cansino, de aspecto triste y con las orejas gachas debido al caminar días enteros sin comer, hasta que por la noche se alojaban en las posadas y comían una quizá, no muy abundante ración de tojo, paja y cebada. Sus amos compartían habitáculo con los sufridos compañeros, durmiendo en cuadras y pajares, envueltos en las sucias y mugrientas mantas que durante el prolongado y largo viaje cubrían las albardas de las caballerías, cenando lo que les daban los hospitalarios y generosos posaderos.
![]() Estado actual de la casa donde su ubicaba la antigua venta de "Las Clavelinas" En la comarca de Vegadeo pernoctaban casi siempre en las casas donde había existencias de cera y pieles. En Cereijido, donde nací y resido, se hospedaban en casa de un señor llamado Domingo Bravo, de oficio agricultor, que era muy conocido como cazador y colmenero. En Piantón tenían como posada y cuartel el pajar y cuadra de la antigua venta de Las Clavelinas, hace ya tiempo cerrada, pues dada su amplitud, les resultaba cómoda y “confortable”. En dicho pueblo vivía un sastre llamado Paquito que dedicaba muchas horas a la caza y apicultura y siempre tenía productos para venderles.
Pajar de la posada de "Las Clavelinas" concocido en la segunda parte del siglo XX como pajar de "El Gitano" Asimismo recorrían los pueblos inmediatos, donde abundaban las colmenas, y por lo tanto tenían clientes fijos, los cuales les tenían reservadas y les vendían las existencias. Porque les “castrasen” los trobos, les regalaban la cera extraída, lo que producía a los “castradores” una sustanciosa ganancia. Además los obsequiaban con un plato de caldo “para andar el camino” si el trabajo lo realizaban por la mañana. La “castra” de las colmenas consistía en recortar los panales del fondo de los trobos antiguos a una altura aproximada de Vida triste y miserable la de estos ambiciosos y hasta puede decirse avaros y ahorradores traficantes, que no reparaban en sacrificios con tal de ganar dinero, pues se decía que la mayoría de ellos poseían una pequeña fortuna, incluso pisos en la ciudad de León. Terminada la campaña de invierno regresaban a sus aldeas y lugares de origen, llevando en las alforjas algunos regalos para la familia, no sin antes ingresar en la cuenta corriente del Banco, en la ciudad ó villa la mayor parte del dinero ganado en sus múltiples y casi siempre ventajosas transacciones. |
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