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| Historia - Personajes | |
| Escrito por José Fernández Mesa | |
| domingo, 25 de febrero de 2007 | |
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Cada domingo por las mañanas escucho en
El Diccionario de
Un ejemplo, como una imagen, vale más que mil palabras. Aquí tendremos de todo, el ejemplo y las mil palabras dobladas-, aun a riesgo de que pueda resultar tostón.
Trataremos en esta ocasión sobre una actuación que llena de orgullo a sus protagonistas y a cuantos la hemos conocido, no tanto por la obtención de lucros, logros o triunfos de carácter personal -que como podrá deducirse no ha existido- como por las ansias de romper con el aislamiento secular y por un desmedido afán de servicio en tiempos de precariedad y dificultades extremas.
Sin duda merecen el mayor y mejor de los reconocimientos. Ya en dos ocasiones, que yo sepa, un periódico regional y un semanario se encargaron de publicar la hazaña de nuestros cuatro protagonistas. Cuatro hombres apoyados por sus respectivas familias, cuyos únicos recursos eran los derivados de las explotaciones agrícolas que regentaban. Debo confesar que, a pesar de haber obtenido copia de una de estas publicaciones, no he cedido a la tentación de leerla hasta no ver terminado este trabajo. El hecho de haber sido testigo de la proeza en mi niñez y el contar con la colaboración de unos de sus protagonistas –los otros tres fallecidos lamentablemente-, es más que suficiente para desarrollarlo. Recuerdo haberlos visto en la distancia, desde mi puesto de vigía en
Si no fuera por la estela que dejaban a su espalda, tenía la impresión de que no se movían, puesto que pasaban los días, las semanas y también los años, y no les perdías de vista. Siempre, tal que las estaciones del año, omnipresentes y fieles a su voluntad de romper con la barrera de la incomunicación.
La gesta ha consistido en la construcción de una pista para facilitar el acceso al Pueblo de Nafarea, Parroquia de Meredo, desde
Leandro Bermúdez "Laroza"
Leandro Bermúdez Méndez nos cuenta como ha surgido la iniciativa, los pasos dados para su consecución, los medios, las colaboraciones, etc. con los que han contado. Lamenta no poder disfrutar de la presencia y testimonio de sus otros tres compañeros de aventura, a los cuales, como homenaje póstumo, dedica este relato con el mejor y más entrañable de sus recuerdos. Debo reconocer también que cuando le planteé la posibilidad realizar este trabajo se mostró bastante remiso, puesto que, ni antes y muchos menos ahora a sus años, dice tener pretensión de lucimiento personal alguno y además se sintió molesto por ciertos comentarios de los periodistas que anteriormente les habían entrevistado; los cuales, sin escrúpulos, trataron la noticia con el enfoque y reclamo comercial que les interesó. Apostilla: “Yo no le quito al bien ni le pongo al mal”.
Nuestro personaje es un hombre que destaca por su habilidad diplomática, al cual gusta ilustrar sus conversaciones con ejemplos de sus conocimientos y vivencias, y también con citas filosóficas, siempre en tono de buen humor, cordialidad e ironía inteligente.
Después de la introducción al tema que nos ocupa, toca turno a Leandro, que nos cuenta lo siguiente:
“Corre la década de los gloriosos años 1960. Después de haber vivido en varias ocasiones situaciones desagradables, especialmente en invierno, como fueron las de asistencia médica de enfermos, traslados para intervenciones hospitalarias, enterramientos y un sin fin de contratiempos, para lo que había que valerse de la burra y del carro tirado por vacas para entrar o salir del pueblo, coincide que se nos pone a la venta una finca de
Francisco Carbajales " Paco da Lixa"
Entonces Francisco Carbajales Martínez (Paco da Lixa), Laureano Barreras Cotarelo (Casa da Purida), Manuel García Vinjoy (Casa de Pedrón) y yo (Casa de Laroza), decidimos comprar la finca y acometer el desafío planteado de abrirnos al mundo, ya que nadie nos venía a traer las cosas a casa.
Hicimos varias consultas con abogados para ver si podíamos construir el camino y luego cobrar por utilizarlo, con el fin de salvaguardar unos derechos que pretendíamos lograr con importante sacrificio y quebrando. Nunca se les había planteado cosa igual. Se nos informa que sí era posible, puntualizándonos que el que quería comodidades tenía que pagarlas.
El 30 de Septiembre de 1962, después de varias deliberaciones y con la aprobación de un plan de trabajo, haciéndolo compatible con la atención de las labores en la respectivas explotaciones agrícolas, nos ponemos manos a la obra, en la que trabajamos dos días por semana, los jueves y viernes, durante siete años. Pasados varios meses, incluso años, llegamos a un punto en el que nos encontramos con terreno rocoso, y entonces hubo que solicitar dinamita. Pedimos 4 cajas, de costo mil y pico pesetas cada una, que nos suponía mucho sacrificio pagar. También nos encontramos con el problema de que el Ayuntamiento, que por aquellos tiempos servía al capital, nos niega cualquier tipo de ayuda. Ni para una mala herramienta. No le daban ninguna importancia. Esto en tiempos de Manuel Ordóñez. Luego se sucedieron varios Alcaldes, uno de los cuales realizó una visita al camino y se admiró de que había mucho arbolado en la zona y que además daba servicio a una nutrida comunidad de vecinos. Resultado: el mismo, nada de nada.
En una ocasión en que había quedado una vacante de Alcalde de Barrio en el pueblo traté de que me nombraran para el cargo, para ver si así me acercaba un poco más a la administración y podía conseguir alguna ayuda o beneficio para el pueblo. Ingenuo y burro de mí, tampoco lo conseguí.
Laureano Barreras
Bien, a continuación de aquello, para conseguir la siguiente caja de explosivos coincidió de servicio un cabo primera chapeau, diría yo-, del que quedamos muy agradecidos, puesto que además de darnos todas las facilidades e informarnos del procedimiento, nos dijo que disparásemos cuanta dinamita pudiésemos pagar; siempre dentro de las condiciones del permiso por si surgían accidentes. Era el Cabo Peña. Por cierto que este era cabo y el de las pegas el Subteniente Lázaro, pero el Cabo valía por 20 de los otros. Luego vio compensado su proceder terminando como Comandante su final de carrera. Hay que pensar el respeto y autoridad de que estaban investidos estos guardianes de los civiles por aquellos tiempos, pero como se desprende de lo dicho, siempre hubo y habrá gente buena por el mundo, con independencia del puesto o circunstancias que le hayan tocado vivir.
Seguimos con la pista y la terminamos después de 7 años de trabajo. Hicimos la inauguración. Celebramos el ramo, en el que hubo un poco de todo. Comida, bebida, amistades, y de todo lo que había que tener. Acudieron invitados de toda la contornada. Del pueblo de Nafarea no fueron, salvo los que participamos en el proyecto. Autoridades tampoco tuvimos, ni las invitamos. Para estrenarla contamos con el camión grande de Leandro Martínez Méndez –Xicón de Samagán-, para comprobar si cabía, y el coche de punto de Viña (Norberto Viña), que nos llevó algunos convidados y las sabrosas empanadas hechas por Esperanza da Rustrida, de
Al día siguiente ya colocamos la que luego sería la “cadena de la discordia”, que servía de barrera para controlar el paso por esta pista particular. Por pasar un turismo cobrábamos 100 pesetas y 500 por un camión. Cuando se trataba de alguna emergencia, como el trasladar personas o reses enfermas, reducíamos la cuota. Creo recordar que para los camiones eran 100 pesetas. Como el negocio era ruinoso debido al escaso y a veces nulo tráfico diario, no había nadie a pie de barrera para dar servicio. Sirva como ejemplo el dato de que en casi dos años tan sólo recaudamos unas 7.000 pesetas. Los interesados en rebasar la frontera tenían que bajar a Nafarea, localizar a Manuel, que hacía de encargado del grupo, el cual extendía el correspondiente recibo y luego retiraba la cadena. Los asiduos solían avisar el día antes para que contáramos con ellos a una hora determinada.
La recaudación era ridícula para el esfuerzo realizado. Hasta tal punto que no alcanzaba para los trabajos de mantenimiento. Recuerdo que con las lluvias torrenciales del mes de septiembre de 1969 hubo varios corrimientos de tierras. Tuvimos que contratar a Aladino de Vega de Villar con su carroceta para llevar piedra y allí nos tienes de nuevo con el pico y la pala durante varios días.
La dirección del proyecto la llevó desde un primer momento Manuel García Vinjoy. A él se le debe todo. El trazado de la pista, la organización, el temple, la constancia y cordura ante las múltiples dificultades y desalientos. Francisco Carbajales (Paco), que hizo
Manuel García Vinjoy "Pedrón"
El replanteo fue hecho a ojo y con excelentes resultados. Incluso en una ocasión la visitaron ingenieros del IRYDA, que fueron a Nafarea para tramitar subvenciones, y se quedaron admirados tanto el trazado como la obra en sí. Comentaban que si le ponían los aparatos seguramente ese fuera el mejor de los recorridos. Les sorprendió igualmente de que manera se habían salvado regatos y pendientes del terreno casi en vertical.
Partimos de las minas que hay en
Los terrenos hasta bajar el Rego del Navallo eran propiedad de los vecinos de Espina. Ellos nos autorizaron para hacer el camino sobre estos montes con la condición de poder servirse por él hasta la cadena. Esta cadena justo estaba en el límite de los montes con Nafarea, en el comienzo de la finca que habíamos comprado.
No tuvimos que sacar permiso alguno. El Ayuntamiento, que no quiso colaborar de forma alguna, tampoco exigió licencia. Sería lo que faltara. Tan sólo tuvimos que recurrir a
Como recuerdos ingratos y problemas por el uso de la pista, menciona que un día llegando a la fiesta del Viso en Molexón, el 4 de agosto, en honor de Nuestra Señora de Las Nieves, ven como dos individuos cruzan en sendas bicicletas la barrera, saltando la cadena. El cabreo, no te puedes hacer una idea. Íbamos Manuel García, las respectivas mujeres y yo. ¿Qué hacer, volvernos, no volverse?. El enfado fue morrocotudo, puesto que lo considerábamos un abuso y atropello a nuestros derechos.
Eran dos señores conocidos de Presno, que mejor vale ni recordar. Luego subieron andando a Molejón, allí los esperamos y les llevamos ante la pareja de
Hubo muchas más situaciones desagradables y de tremenda incomprensión. Una de las últimas que tuvimos y quizás la que más nos motivó para buscar una solución a la penosa situación con que periódicamente nos encontrábamos, fue la vivida con un vecino de Vegadeo, que todavía vive, de los que se tenían por progresistas e intelectuales de la época, cuyo nombre no merece ser pronunciado y menos escrito, que violó las normas establecidas y tuvimos que devolverle el dinero, tragándonos impotentes el recibo.
Me acuerdo, y para que sirva de ejemplo de que uno no puede pasar por donde no debe, que una vez entré en las oficinas del Ayuntamiento por la puerta reservada a los funcionarios e inmediatamente me invitaron a salir, dirigiéndome a la ventanilla; la cual, dicho sea de paso, más bien parecía un confesionario.
Empezadas las obras en el año 1962, estrenado el primer tramo el 26 de mayo de 1968 y terminadas en 1969, queda declarada oficialmente la primera pista de peaje de Asturias.
Para que te hagas una idea de lo faraónica de la obra y de los buenos resultados conseguidos, te pongo por ejemplo el que no hace muchos años, ya cedida esta pista para el uso público, una conocida Empresa de Vegadeo, con un proyecto millonario, maquinaria y personal cualificado, no consiguió afirmar adecuadamente el pavimento en uno de los tramos complicados de la pista –esta para ver-. Quedó deficiente, algún remiendo se hizo, pero el problema persiste. Nosotros cortamos en vertical, rellenamos y no se movió el firme ni un milímetro.
Ya para dar una solución definitiva al problema, puesto que casi todos los días teníamos enfrentamientos con vecinos y forasteros, negociamos la cesión con el pueblo de Nafarea, sin recurrir al Ayuntamiento, que en ningún momento mostró interés alguno en este asunto. Tuvimos varias reuniones y se accedió a venderla en el año 1973 por la mísera cantidad de 150.000 pesetas, que seguramente no alcanzase a pagar el gasto de los materiales y herramientas utilizados. No hubo acto formal de entrega ni celebración alguna con este motivo.
Por fin se retira la cadena y pasa a ser de uso general, y, por si fuera poco, nosotros continuamos con el mantenimiento y conservación de la pista durante unos tres años.
La pista construida llegaba hasta
Sin duda nuestros emprendedores no pueden ser comparados con los que al principio les comentaba. Los tiempos, los medios, la información, los procedimientos, sistemas, etc., han cambiado y mejorado afortunadamente. Con mucho menor esfuerzo se pueden mover montañas, además de contar
Si hacemos un cálculo del tiempo trabajados en la pista durante los siete años, obtenemos 364 días. Cedidos los derechos a favor de la comunidad por 150.000 pesetas, representa un salario diario por currante de 103 pesetas, sin tener en cuenta los gastos por compras realizadas y otros muchos jornales de familiares, como los de Ángel Bermúdez Fernández (Angelito) -padre de Leandro- y Rodolfo Barreras Ovide, Casa da Purida –hijo de Laureano, fotógrafo por aquellos tiempos-, y también de algunos vecinos de
Añade Leandro, con cierta alteración y enfado, que
Lamenta Leandro no poder contar para este relato con el testimonio de sus otros tres compañeros, a los que con ternura recuerda emocionado.
El esfuerzo ha valido la pena. Ha sido un sueño transformado en realidad. Los protagonistas se sintieron orgullosos y satisfechos del trabajo solidario realizado, aunque no reconocido como se desprende.
Seguido de esta obra de chinos, tomaron ejemplo los pueblos de Vixande, Molexón, Villameitide, etc., pero ya con otros medios y fortuna.
Para finalizar significa Leandro que “el que es burro y posee una carrera lo tiene todo prestado. Sin embargo el inteligente sobrevive y aprende de la vida”.
La vida enseña sin lugar a dudas y con los años se hace carrera. Aprendamos de nuestros sabios predecesores. Descabellada, quijotada, locura...., llámesela como se la llame, lo cierto es que la visión de nuestros paisanos se ha materializado y ahí están los resultados. No hay peor crimen que matar un sueño, ni mayor virtud que realizarlo.
Ya para concluir un proverbio africano, que viene como anillo al dedo: “los pueblos que avanzan son aquellos en los que las personas mayores plantan árboles y luego son otros los que disfrutan de sus sombras y frutos.”
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| Modificado el ( sábado, 15 de noviembre de 2008 ) | |
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